Del Neuralink de Elon Musk a la fusión AI-Cerebro del ejército de EEUU

Hace a penas sólo unos días el mundo recibía una noticia de esas que pueden cambiarlo todo.

Elon Musk presentó el primer dispositivo que han desarrollado en Neuralink, un wearable para el cerebro que tiene el propósito de resolver problemas mentales y de la espina dorsal. El dispositivo se conecta al cerebro mediante un implante y microhilos y se propone poder “leer en directo” el cerebro humano.

De hecho, va un poco más allá, porque además de “leer” información del cerebro, también quiere “escribir” señales en el cerebro, aunque aún falta desarrollo para conseguir eso.

Leer y escribir en el cerebro permitiría aumentar enormemente las capacidades cognitivas de los seres humanos, algo para lo que Elon Musk ha desarrollado este dispositivo, pensando en la futura competencia entre el humano y la máquina basada en inteligencia artificial (IA).

De hecho, conectar el cerebro a internet permitiría, además, ampliar nuestra capacidad de interacción con el entorno, gracias a señores y actuadores del mundo del internet de las cosas (IoT, acrónimo de Internet of Things).

Esta propuesta es enormemente atractiva. Aumentar la capacidad humana para controlar el mundo que nos rodea y mejorar nuestras capacidades a niveles nunca vistos hasta el día de hoy. Piense el lector la gran cantidad de posibilidades, propias de la ciencia ficción, como la telequinesis, la adquisición instantánea de conocimientos, la telepatía, son algunas de las más evidentes, pero no, conectarnos a la red puede ser algo mucho más poderoso que lo que Matrix nos enseñó.

Más poderoso, pero también más peligroso.

La noticia de Neuralink de Musk podría resultar un asombroso avance, una frikada o una irrelevante noticia más sobre tecnologías emergentes. Pero, al menos a mí, un servidor que comparte estas líneas de reflexión, me hizo saltar las alarmas porque, sólo unos días antes, otra noticia captó mi atención. Se trataba de la noticia acerca de que el ejército de los Estados Unidos estaba trabajando en la fusión de la inteligencia artificial y el cerebro humano para rastrear y atacar objetivos.

Científicos del Laboratorio de Investigación del Ejército están trabajando en  medir, procesar, analizar y transmitir señales electroquímicas del cerebro humano gracias a la integración de  sensores de seguimiento ocular móviles en las gafas de los cascos que usan los soldados y están desarrollando algoritmos habilitados por IA capaces de recibir impulsos eléctricos del cerebro para identificar instantáneamente momentos o respuestas importantes. 

Cuando el ojo capta algo de interés genera una respuesta eléctrica en el cerebro que luego puede medirse, calcularse, procesarse y propagarse.  El objeto de interés visto se puede analizar, procesar y transmitir instantáneamente a una computadora equipada con una amplia base de datos de posibles respuestas o escenarios. Tras este análisis, se envía automáticamente un dron para evaluar los puntos de relevancia, tomando las mejores y más inmediatas acciones necesarias para la circunstancia particular. 

La premisa táctica aquí es sinergizar, integrar y combinar los mejores atributos de las máquinas y los humanos para maximizar el éxito en el combate. 

Si combinamos ahora estas dos propuestas tecnológicas podemos disponer de soldados capaces de hibridarse con sistemas expertos de combate y reaccionar ante cualquier escenario, inhibiendo el miedo y el dolor, aumentando la atención y la concentración, mejorando sus capacidades cognitivas y disponiendo de una base de datos gigantesca acerca de estrategias, datos, etc que puedan ayudarle a combatir con unas capacidades muy por encima de las humanas. Además, toda la información de combate es transmitida, automáticamente, a un centro de inteligencia donde se puede decidir qué acciones complementarias realizar, desde el envío de drones no tripulados, ataques masivos o evaluación de datos de otros emplazamientos o potenciales objetivos.

Hace tiempo que se habla de que la Tercera Guerra Mundial se llevará a cabo en el mundo digital, a través de la Guerra Cibernética. Estos avances le proporcionan un nuevo enfoque.

Todo avance científico nos ofrece la llave a un mundo mejor pero también a uno más cruel y terrible. Está en nuestras manos decidir qué paso vamos a dar.

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